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    CAPÍTULO II: BENEFICIOS DE LA DANZA ORIENTAL

    [...] Es difícil precisar dónde comienza lo físico y dónde termina lo emocional o lo mental. Muchas de mis alumnas comentan que la danza oriental les alivia molestias físicas, como el dolor de espalda. Pero, en otras, el cambio se refleja en su mirada, su actitud, sus emociones o en sucesos externos que "casualmente" tienden a pasar poco después de comenzar un nuevo curso. Como dice la máxima del ocultista Aleister Crowley: "Lo que está arriba, como lo que está abajo". Lo material y lo intangible se reflejan entre sí.

    Los movimientos rítmicos y ondulados avivan la sensualidad. La flexibilidad de los músculos flexibiliza también la mente, que puede así resolver los problemas con más destreza. La concienciación corporal trae consigo una conciencia también mayor de las emociones y de los estados de ánimo, y la alegría de la propia danza contagia la vida cotidiana, cultivando la felicidad. La danza oriental no puede curarlo todo ni cambiar a nadie en poco tiempo, pero sí que puede llegar a ser la fuente de mejoras fundamentales y avances muy positivos. La manera más recomendable de llegar a ellos es tomarlos no como un objetivo, sino como pasos en un largo viaje: el camino que te lleva hacia ti misma. [...]